El sol apenas comenzaba a dibujar tonos dorados en las cortinas del hotel cuando un grito atravesó la habitación:
—¡BUENOS DÍAS, NOVIA DEL AÑO!
Francine soltó un gruñido apagado, arrastrando la almohada sobre su cabeza.
Pero ya era demasiado tarde.
Malu ya estaba sobre la cama, saltando como una niña en la mañana de Navidad.
—¡Llegó el gran día! —anunció entre risas—. ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Tenemos un cronograma digno de una misión imposible!
Francine levantó la almohada y la usó como escudo.
—