La mañana en París amaneció dorada y, desde lo alto del hotel, la vista de la Torre Eiffel se alzaba como un presagio de la grandeza del día que comenzaba.
Era el primer día de la Paris Fashion Week, y por más que hubiera pasado noches enteras ensayando mentalmente ese momento, ahora que el día había llegado, todo parecía volver a ser nuevo: el nudo en el estómago, la ansiedad, el miedo de tropezar y arruinarlo todo.
Francine, apoyada en la baranda del balcón, observaba la ciudad sin poder cont