62. ELLA, LUCÍA SANTODOMINGO
Juan Carlos
Toda la furia y el odio desapareció en el instante en que vi a Lucía, pero mi vida entera se desvaneció con ella al desmayarse frente a mí con la sangre brotando entre sus piernas. No perdí una milésima de segundo, me fui tomándola en brazos y en compañía de mi padre y hermanos nos dirigimos al hospital, aunque fue mi padre quien tuvo que conducir pues me negaba a soltarla. Le pedía entre lágrimas que despertara, no soportaba la idea de que muriera aun cuando no sabía qué pasaba, p