50. EL DIABLO
—Te hice una pregunta —la tensión en su voz incrementó el miedo. —¿Qué significa esto, Claude? ¿Qué haces aquí?
Creo que mi presión acaba de caer por debajo de cero y lo único que siento en mi cuerpo es la sangre congelarse.
—Diablos… —miré al hombre frente a mí quien ensanchó su perversa sonrisa.
—Oh sí, el mismo, mi querida Alma —se deleitó con cada sílaba alzando maquiavélico una ceja.
La ola de recuerdos de lo ocurrido en Cosenza me golpeó cruelmente, cada interacción que tuve con él, c