24. SECRETOS EN COSENZA
Alma
Su lengua de fuego incendiaba la mía dejando una fuerte mordida en mi labio y descendió por mi cuello apoderándose de este, sus manos presionaban más mis muñecas y se deslizaba por la otra mitad de mi muslo estrujándolo hasta sacarme un ahogado gemido suplicante por más. Esta vez mis oraciones no serían a Dios sino a Lucifer y todo para que nos diera la oportunidad de disfrutar lo que tanto hemos contenido, lo que apenas y logramos liberar en el confesionario la última vez.
Sin darme tiemp