129. No insistiré
Penelope
Estoy corriendo a través de un bosque, los árboles altos y oscuros se alzan a mi alrededor como gigantes vigilantes. Las hojas crujen bajo mis pies descalzos, y la brisa fría acaricia mi piel, pero no siento miedo.
A lo lejos, escucho risas infantiles, las risas de los mellizos que he visto en mis sueños anteriores. Me acerco a ellas, siguiendo el sonido como un faro en la noche.
De repente, el paisaje cambia. Estoy en un claro bañado por la luz de la luna, y allí, de pie frente a mí,