Capítulo 45. Cinco palabras y un abismo.
El tintineo de la plata contra la porcelana y el suave murmullo de la cena eran los únicos sonidos que llenaban el elegante comedor. Aslan presidía la mesa con su habitual expresión impenetrable, flanqueado por Victoria, Alistair e Isabella. Todo transcurría bajo la estricta etiqueta de siempre, hasta que Aslan dejó su copa de vino sobre el mantel y levantó ligeramente la mano para detener a una de las empleadas.
—Prepara un servicio más —ordenó él, con una voz que no admitía preguntas.
Victori