Capítulo 142. El rugido de las aspas
La oficina de Aslan en el centro de Londres se había transformado en un búnker de guerra improvisado. Sobre la mesa de cristal templado, los mapas topográficos satelitales competían por espacio con tazas de café frío y pantallas de portátiles que parpadeaban con coordenadas en tiempo real. El aire estaba saturado de humo de cigarrillo y de una frustración tan espesa que casi podía palparse.
Aslan caminaba de un extremo a otro del salón, con las manos hundidas en los bolsillos de su pantalón, la