Capítulo 143. El peso de la sospecha
El segundero del reloj de pared de la habitación avanzaba con una regularidad implacable, un sonido seco y rítmico que a Amara le parecía el metrónomo de su propia locura. Las paredes de la clínica, pintadas de un blanco inmaculado y aséptico, no hacían más que amplificar la sensación de encierro. El olor a desinfectante y a medicamentos le revolvía el estómago, pero nada de eso importaba. Nada comparado con el vacío abrasador que sentía en el pecho desde que el teléfono de la residencia había