Capítulo 132. Cuna vacía
Las llantas del coche chirriaron contra el pavimento del sótano del edificio, dejando una estela de humo blanco y olor a caucho quemado. Aslan ni siquiera apagó el motor; dejó la llave pegada y la puerta del conductor abierta de par en par. Cada milisegundo que tardaba en subir era una soga que se asfixiaba alrededor del cuello de su hija.
Al salir del ascensor en el piso correspondiente, el silencio del pasillo lo recibió como una bofetada helada. Pero lo que realmente hizo que su corazón se d