Capítulo 126. Instinto animal

Aslan no se atrevió a dejar a Keziah en su cuna. A pesar de que Livia se había marchado y la habitación parecía en calma, el aire todavía se sentía viciado. Con un movimiento experto y protector, la llevó a su propia habitación. La depositó en el centro de la cama, flanqueándola con almohadas, creando una pequeña fortaleza de plumas y seda para ella.

Se quedó allí un momento, observando el ascenso y descenso del pecho de su hija. Su pulso seguía acelerado, la adrenalina del golpe a Varkas todav
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