Capítulo 122. La visita inesperada
El brillo azulado de la pantalla de la laptop era la única fuente de luz en el despacho de Amara. Sus dedos sobre el teclado se movían con una lentitud mecánica, fruto del agotamiento físico y la tensión mental. Hacía apenas media hora que finalmente había logrado que Keziah se durmiera. Había sido una batalla de paciencia: primero administrarle el antibiótico con el rigor de un reloj y luego asegurarse de que comiera lo suficiente para recuperar fuerzas.
Ahora, con el silencio de la casa pesan