Punto de vista de Sienna
La fiesta fue todo un éxito, pero mis nervios me mantuvieron en alerta, tenía miedo de que a mi padre se le ocurriera aprovechar que estábamos reunidos, afortunadamente no lo hizo.
Maya, en cambio, ya había llegado a su límite.
El miércoles por la mañana, la encontré en el vestíbulo metiendo sus cosas en un bolso.
—Maya, ¿a dónde vas? —le pregunté, acercándome a ella.
—Me voy a la galería, Sienna —me contestó, colgándose el bolso al hombro— se acabó el encierro para mí.