72• Y luego… vino Margaret.
Me quedé mirando a Edgar sin saber qué decir. Sus palabras me descolocaron por completo. Durante semanas había vivido con una convicción firme, casi automática: Elliot había sido quien entró en la casa, quien tomó los papeles, quien me atacó. Ni siquiera me había permitido dudarlo. Simplemente… lo creí.
Y admitir eso me dolía más de lo que pensé.
Porque en el fondo me partía pensar que él fuera capaz de algo así, pero también sabía en lo que se había convertido. Ese Elliot que volvió después de