Por fin, después de lo que pareció una eternidad para Tony, el avión aterrizó en el aeropuerto JFK de Nueva York. El vaquero soltó un suspiro de alivio tan grande que casi despeinó a la señora sentada frente a él.
— ¡Tierra firme, princesa! —exclamó Tony mientras bajaban del avión— Juro que besaría el suelo si no fuera porque probablemente lamería chicle viejo y gérmenes de yankee.
Marjorie rió, sacudiendo la cabeza.
— Tony, cariño, técnicamente aún estamos en la pasarela, el suelo que quieres