La noticia del viaje inminente a Nueva York cayó como una bomba en el Rancho Blackwell. Guadalupe, que había estado mejorando notablemente en las últimas semanas, no pudo evitar sentir una punzada de preocupación al escuchar los planes de su hijo.
— M'hijo —dijo Guadalupe, sentada en su mecedora favorita en el porche— ¿Estás seguro de esto? Nueva York no es como nada que hayas visto antes.
Tony, que estaba empacando su maleta con más entusiasmo que sentido común, se detuvo para mirar a su madre.