Las patrullas pasaron de largo, y Tony soltó un suspiro de alivio tan grande que casi hizo temblar las hojas de los arbustos.
— Eso estuvo más cerca que un beso de mi tía Lupe — murmuró, saliendo cautelosamente de su escondite.
Miró a su alrededor, tratando de decidir qué hacer a continuación.
El frío de la noche comenzaba a calarle los huesos, y Tony se dio cuenta de que su nueva ropa no era tan abrigadora como creía.
— Necesito un plan — dijo, rascándose la cabeza bajo la gorra — algo más ela