Narrado por Mia Blackwood
Si me hubieran dicho hace un año que mi "felices para siempre" incluiría una maleta llena de lino, un pasaporte con un nombre que aún me hace cosquillas en el pecho y un guardaespalda testarudo tratando de conducir una furgoneta vieja por carreteras que parecen dibujadas por un sádico, me habría reído en su cara.
Pero aquí estaba. O más bien, aquí estaba intentando no morir.
—Liam, amor de mi vida, salvador de mi alma... ¡vas a tirarnos por el acantilado! —grité, a