Narrado por Mia
La sed me despertó a las dos de la mañana. O quizás fue esa sensación de vacío al otro lado del colchón que se sentía como un agujero negro. Me levanté con cuidado, sintiéndome como si tuviera cien años y el equilibrio de un marinero borracho, y abrí la puerta de la habitación dispuesta a ir a la cocina por un vaso de agua.
Pero no llegué muy lejos.
Al abrir la puerta, casi tropiezo con un bulto grande y sólido sentado en el suelo. Liam estaba allí, apoyado contra la pared, con