Narrado por Mia Blackwood
El despertar no fue como en las películas. No hubo una luz celestial ni un regreso heroico a la conciencia. Fue una bofetada de realidad pegajosa, un olor punzante a desinfectante y un dolor sordo que parecía haber echado raíces en cada centímetro de mi cuerpo.
Intenté moverme, pero mi pierna pesaba una tonelada y la cabeza me palpitaba al ritmo de un monitor que pitaba sin descanso. Lo primero que vi fue el techo blanco. Lo segundo, fue a él.
Liam estaba sentado en es