Narrado por Mia Blackwood
—¡Esto es ridículo, Donovan! ¡Mírame! —exclamé, deteniéndome en seco a mitad del pasillo que conducía al gimnasio—. Llevo un vestido de seda de mil quinientos dólares y unos tacones que no están diseñados para correr de tus delirios militares. Si crees que voy a saltar la cuerda vestida así, estás más loco de lo que pensaba.
Él se detuvo y me escaneó de arriba abajo con esa mirada analítica que me ponía los pelos de punta. No había deseo en su rostro, solo una eficienc