Narrado por Liam Donovan
Había pasado cuarenta y ocho horas sin soltar su mano. Había contado cada latido en el monitor, cada respiración asistida, esperando el momento en que esos párpados se agitaran y el verde de sus ojos me devolviera el alma. Cuando el doctor Miller retiró la sedación y dijo que Mia estaba recuperando la conciencia, sentí que una presión de mil toneladas se levantaba de mi pecho.
Dominic, Spencer, Chloe y Casey estaban allí, amontonados en la suite, conteniendo el aliento.