Narrado por Mia Blackwood
El trayecto al hospital fue un borrón de luces rojas y azules, sirenas que taladraban mis oídos y el olor penetrante del hierro oxidado que emanaba de mis propias manos. Spencer conducía como si el mismo diablo lo persiguiera, con los nudillos blancos sobre el volante, mientras yo, en el asiento del copiloto, no podía dejar de mirar mis palmas. La sangre de Liam se estaba secando en las grietas de mi piel, volviéndose oscura, recordándome que cada segundo que pasab