—¿Y si nos vamos a bailar? —cuestiona Lourdes con tono entusiasmado al terminar el postre—. La noche es joven.
—Ja, yo paso —replica Amy con tono malhumorado—. Váyanse ustedes, parejitas felices —agrega poniendo los ojos en blanco.
Por supuesto que no nos importa que ella no esté, así que, quince minutos después, estamos aparcando en una de las discotecas más grandes y glamurosas de la ciudad. A Alex lo conoce todo el mundo, lo tienen como un cliente VIP, así que nos dan el mejor lugar y el m