Alex se acerca a mí con lentitud, tal como una fiera acechando a una fiera. Su mirada tan intensa me saca el aliento.
Me acaricia el cabello con suavidad antes de hacerme sentar en el borde de la cama. Bajo mi atenta mirada, termina de quitarse el cinturón y los zapatos, se revuelve el cabello un instante de manera nerviosa y luego se coloca a mi altura para continuar besándome. En este momento estoy agradeciendo mentalmente por haberme puesto ropa interior decente y, cabe destacar, sensual, co