Suelto una carcajada, pensando que es una broma, pero está tan serio que comienzo a sospechar que es cierto.
—Dime que no es verdad —expreso con el estómago hecho un nudo—. ¿Es una broma?
—Ya quisiera —replica—, pero no es ninguna broma. Debemos casarnos en serio, mi madre está como loca, no para de sospechar que lo nuestro es falso y me acaba de decir que, si no ve firmados los papeles de nuestro casamiento, no le va a dar la empresa a mi hermano.
Vieja bruja… yo quería llevarme bien con ella,