—Cuanto lo siento Kyril no imagino por lo que debiste pasar—. Siento su nariz en mi cuello eso hace que se me erice la piel.
—Y yo lamento tanto hacerte daño—.
—No importa eso ya es pasado—. Me separo de él y acarició su mejilla.
—Te deseo Daniela—. Lo miró perpleja.
—Lo siento, pero creo que debemos esperar—. Me sonríe.
—Estaba bromeando—. Sonrió y niego.
—¿Y qué haces? —.
—Cuentas muy aburrido—. Lo miró.
—Si demasiado, pero te ayudo si quieres—.
—Está bien—. Nos acercamos a su escritorio y no