Encerrada y encadenada 2.
Sus ojos se tornaron de un color violeta, dale mi cabeza. —No te agradará saberlo—. Tome impulso y ver si podía quitármelo de encima.
Pero como todo lo que hago en su contra es en vano. —Ya déjame vete—. Dije casi en un susurro.
Él se levantó y me miro desde arriba. —Tus deseos son órdenes —. Su voz era de diversión, pero lo único que quería era tomar la bandeja y partírsela en la cabeza.
Salió sin decir más, cerró la puerta y se fue. Me dolía como se estaba comportando conmigo y no sé por qué