—¿Dónde está el resto de guerreros?
—Durmiendo, es tarde— Ríe entre dientes. —Nosotros seguimos despiertos porque nos tocó hacer guardia.
Llegamos al límite del campamento y me aferro al brazo de Raulo, porque está casi todo oscuro, las antorchas no iluminan mucho, él me dice que todo está bien, que el campamento de los hombres lobos está algo apartado. Camino con mucho cuidado, todavía aferrada al brazo de mi guía.
Entramos al otro campamento, mi lobo mira a su alrededor y mueve las orejas al