—Majestad ¿Qué cree que sea lo más conveniente? Piense como un rey, no como un hombre enamorado.
Levanta la mirada enseguida y me contempla con asombro, luego se para de un salto de su asiento y tira suavemente de mí en su dirección, abrazándome con fuerza, puedo sentir como hunde su rostro sobre mi cuello y aspira suavemente.
—¿Cómo no podría pensar como un hombre enamorado? Sabes que te he esperado por muchos siglos y el pensar en que te voy a perder para siempre, no lo soporto, además, va si