No dice nada, simplemente me hace un ligero movimiento de cabeza para que empiece a caminar, no cruzamos ni una sola palabra en el camino, ni siquiera cuando llegamos a nuestro destino. Miro a mi alrededor y veo a varias personas yendo y viniendo, completamente ocupados y ajetreados por todos los preparativos, no hay señales de Alessio, ni Daimaris ni tampoco de sus doncellas.
—Vamos, Ginebra— Camina delante de mí, pero al darse cuenta de que no le estoy siguiendo, se detiene y se gira un poco