Raúl se quedó como hipnotizado y a pesar de que sabía que era Gabriela, fue fácil dejarse llevar por su obsesión.
Terminó la copa con un rápido giro de la muñeca y luego la dejó sobre una pequeña mesa, se acercó como un poseso para colocarle a Gabriela las manos en la cintura. Ella alzó la mirada hacia la suya y una sonrisa lenta y sensual le curvó los labios, al instante le pasó las manos a Raúl por el cuello, apretándose contra él. Él dejó caer las manos por la curva de su trasero y las mantu