De repente Juan Carlos la miró fijamente con rabia y se puso de pie, colocó las manos en el escritorio e inclinándose hacia adelante, le espetó.
— ¡Mi padre te pagó para que me convencieras de aceptar el puesto de director de este canal! ¿Verdad? ¡O te ofreció convencerme de que me casara contigo!
Camila se puso pálida y nerviosa. Y respondió llorando.
—No sé de qué estás hablando...
—¡No te hagas la tonta que ya te descubrí! Eres un ser despreciable que se aprovechó de mi vulnerabilidad par