—Ander, ¿no te he dicho que no te acerques a esos hombres? —Marina lo reprendió mientras lo guiaba de vuelta a la mesa.
Ander bajó la cabeza y la miró con curiosidad.
—Tía Marina, solo me dijiste que no los llevara a la esquina a buscarte. No me dijiste que no podía verlos.
Marina no pudo contradecir su razonamiento y, molesta, respondió:
—Bueno, ahora te lo estoy diciendo. A partir de ahora, no te acerques a esos dos. ¿Entendido? Si los ves, aléjate.
Ander asintió, pensando que Marina