Perla se sentó en el asiento del copiloto, cansada.
Marina, que manejaba el carro, le dijo:
—Hermanita, te compré un café. Tómalo para despertarte un poco.
—Ander, pásale el café a tu mamá.
—Sí —respondió Ander, quien, con cuidado, le dio el café a Perla desde el asiento de atrás mientras el carro arrancaba. Perla se giró para recibirlo.
—Dale, Andi.
Últimamente, Perla había estado tan ocupada con la organización de la exposición que no había tenido tiempo para estar con sus hijos. La