Clara tiró de su manga.
—Durante las horas de trabajo no se permite hablar de chismes, si siguen así, les descontaré de su sueldo—dijo Clara con voz firme.
—¡No, por favor! ¡Necesitamos el dinero! —respondió una de las secretarias, Sara, en tono juguetón.
En ese momento, Teresa entró en la oficina del presidente y dejó los documentos sobre su escritorio.
—César, este es el documento que el director de ventas me pidió entregarte —dijo Teresa con una sonrisa amable.
—Emm. —César respondió sin most