La mañana siguiente al almuerzo comenzó tranquila. Isabella, que había estado más en silencio de lo habitual durante el desayuno, se encontraba en la mansión, frente a las ventanas del salón, observando cómo el sol empezaba a elevarse. La luz cálida iluminaba los jardines perfectamente cuidados, pero su mente no podía dejar de dar vueltas a los momentos vividos las últimas horas. Francesco había mantenido la distancia, una vez más, evitando mirarla demasiado, como si una barrera invisible se hu