El frío penetrante de la noche envolvía el exterior de la mansión Moretti-Rossi, contrastando con el calor de la confrontación que había tenido lugar en el centro comercial. Las luces de la casa brillaban como faros en la oscuridad, proyectando sombras largas y angustiosas. La tensión en el aire era casi tangible, como una carga eléctrica que preparaba el terreno para una tormenta inminente.
Isabella, aún en shock, avanzaba por el pasillo de la mansión, sus pasos pesados y vacilantes. Su vestido