Las horas avanzaban con lentitud, quizás la desesperación hacía que el tiempo se volviera interminable, todos en la mansión traban de ocupar el tiempo descansando y reponiendo fuerzas para la batalla que les esperaba.
Finalmente, el reloj marco las siete, y como todo un caballero haciendo alarde de su puntualidad, la llamada llegó. La voz distorsionada del Siciliano resonó en la sala, y el corazón de todos se detuvo por un instante. Nick, con una calma sobrehumana, observaba cada rincón del lug