La brisa marina acariciaba el rostro de Luciana mientras observaba el horizonte desde la cubierta del pequeño bote en el que habían escapado. El sonido rítmico de las olas chocando contra el casco proporcionaba un contraste calmante al caos que acababan de experimentar. Alexander, sentado a su lado, mantenía una expresión pensativa, con la mirada perdida en el vasto océano.
—No puedo creer que hayamos caído en una trampa. —murmuró Luciana, rompiendo el silencio que se había instalado entre ell