Las habilidades de Octavio para besar eran magníficas. Elena debería haberlo odiado, pero su delicado cuerpo no pudo evitar temblar. Incluso despertó el deseo más profundo en su corazón…
Elena estaba avergonzada y molesta a la vez.
Con extrema vergüenza, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—¿A quién más quieres elegir?— Los ojos de Octavio se oscurecieron, sus delgados labios se movieron hacia su suave rostro, lamiendo sus lágrimas una por una…
—Octavio, ¿qué es exactamente lo que quieres de