Habían sido días difíciles.
Alexander se estaba comportando como un verdadero idiota conmigo, tanto que había decidido que yo fuera su secretaria ahora para ver pasar día tras día una mujer diferente.
Estaba apunto de renunciar por la forma tan inmadura que se estaba comportando, pero no iba darle el gusto de verme perder.
Pese a todo sabía como comportarme fría y distante para que no notará que nada de lo que hacía me afectaba.
Escucho las puertas del elevador abrirse, observo una rubia sa