La mujer miró en dirección a la mesa del fondo levemente iluminada por la luz, ella cerró su abrigo rojo mientras que aceleraba sus pasos con total donaire.
Al llegar depositaba su abrigo sobre el respaldo del pequeño sillón.
-Creí que no vendrías-.
-Jamás te dejaría esperando, de hecho, llegué quince minutos antes, quería verte llegar, me dijiste que el rojo seria tu color hoy-.
-Este color es irresistible…Y bien cariño… ¿Dónde iremos? -.
-Me gustaría que cenáramos y tuviésemos una plática de