Kamil extendía quinientos dólares al personal que le asistía en el camerino, y la señora que estaba encargada de la limpieza-
-Pueden ir por unas hamburguesas, estoy hoy en mi máximo derroche de generosidad, al menos no se irán con el estómago vacío a la cama-.
Las cuatro personas que estaban en el salón se miraron entre sí, era déspota, y de paso pensaba que les podía humillar.
-Señorita Kamil, tenemos un compromiso familiar, muchas gracias en otra ocasión, hoy declinamos la invitación, pero…p