Capítulo 30

Invitada Nocturna

Luego de regresar de Paris, la mansión estaba sumida en la quietud de la noche, interrumpida solo por el sonido del viento contra las ventanas. Helena despertó con un vago presentimiento, extendiendo la mano sobre la cama solo para encontrar el espacio vacío y frío. Frunció el ceño. Alexander no estaba.

Se incorporó lentamente, dejando que la bata de seda resbalara sobre su piel mientras avanzaba

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