Capítulo 58. Definitivo e ineludible
Al comienzo de la cena, ambos estaban muy pensativos. Marco se había quedado con esa extraña sensación de desasosiego en el pecho que le infundía la idea de plantearse a sí mismo un futuro sin la presencia de Ámbar.
Ella, a su vez, no podía sacarse de la cabeza ese abrazo tan peculiar en el que se había visto envuelta al despertarlo de su siesta… ¿Acaso ese era en la realidad el verdadero Marco, un hombre que la quería tener a su lado y que temía el abandono? ¿O, en verdad, él estaba soñando