Capítulo 41. Absolutamente perdida
Ámbar sintió como la corriente de deseo hacía arder su piel con cada una de las caricias de Marco. La suave brisa del balcón era agradable, y el silencio le otorgaba un aire de solitaria privacidad.
Deseaba que la tomara allí mismo, sobre el espléndido sillón color crema. Y él siempre parecía leer su mente.
La desvistió con lentitud, aumentando su expectación. Podía oler la sal de la excitación en la piel de Ámbar y sabía que la humedad se agolpaba en su tibia entrepierna.
Suavemente, bajo la