Capítulo 42. Ojalá fuera eterno
El cuerpo de Ámbar se relajó completamente sobre el fuerte pecho de Marco, mientras ella trataba de recuperar el aire, sintiendo cómo la respiración de él se calmaba lentamente, haciéndola subir y bajar.
No quería separarse de esa tibia y aromática superficie llena de feromonas excitantes. Se quedaría así hasta el fin de sus días, con Marco dentro de ella y la piel húmeda y adherida a la de él.
Nunca había esperado que el sexo fuera algo tan increíble, tan absolutamente poderoso, tan mundano y