Vladimir Sokolov
Llegué a casa después de una mañana dura, después de tantas complicaciones. No escuchaba ningún ruido, todo estaba en silencio. Me pareció extraño, ya que a estás horas, todos iban de aquí para allá. Caminé hasta el fondo del salón, pero paré en seco, cuando escuché unas risas, una risa dulce. Me acerqué hasta donde venía las risas y desde la ventana, vi como ella reía. Cómo enseñaba sus dientes, se la veía feliz, calmada y relajada. Era como si se sintiera en su casa, como si