La puerta se abrió haciendo que los dos se volvieran para ver quién era. —Ishad agher, ladies — saludó Rhazel con una horrible pronunciación kilskiana mientras se inclinaba ante ambas chicas.
—Bonita pronunciación, Rhaz — se rió Leevanna desde la cama de Lhu, que se secaba las lágrimas. Había recibido una carta en la que se le informaba de que uno de sus familiares había muerto en el campo de batalla hacía una semana. Leevanna no sabía exactamente cómo calmarla, nunca había estado en esa situac